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El sedentarismo y sus efectos para la salud

El ser humano, es un ser de costumbres, pero su cuerpo no.

Con esta aseveración, que parece algo controversial y sin sentido,  se puede describir varios ejemplos de lo que el sedentarismo puede traer como consecuencia para la salud.

Definimos sedentarismo como: una carencia de actividad física cotidiana, lo cual favorece la vulnerabilidad ante enfermedades y especialmente a las afecciones cardiacas.

A la par de este factor de riesgo para la salud, se desarrolla generalmente en personas sedentarias, la obesidad.  Derivado de la permanencia en una sola posición y lugar durante el día, la falta de actividad física puede hacer que el cuerpo se habitúe a una sola forma de trabajar y es estando en tales situaciones.

Cómo combatir el sedentarismo

La recomendación en general es realizar actividad física diaria, no es necesario un esfuerzo ni prolongado ni extremo, con solo caminar por cortos periodos de tiempo, en distancias cortas y de diferente inclinación, acondiciona el aparato circulatorio, o practicar la natación, tener una rutina de ejercicios suaves, escalar o trotar; se consigue mejorar la capacidad del corazón y de esta manera contribuye a la oxigenación cerebral y del resto de los órganos.

sedentarismo y obesidad

Evitar el estar sentado por largos periodos de tiempo ya que genera molestias en la columna vertebral, además el peso corporal puede ocasionar bloqueos circulatorios en extremidades inferiores y originar problemas de retorno venoso, factor determinante para la aparición de varices y ulceras vasculares. Alternar con las actividades intelectuales la acción física

El sedentarismo además es un desencadenante de complicaciones motrices como falta de movilidad de brazos y piernas, problemas cervicales y dorso lumbares, daños en la visión por la falta de luz o de recepción de diferentes frecuencias lumínicas, ya que el individuo siempre está en un mismo lugar y posición. Esto, sin contar con los múltiples daños que pueden ocasionarse internamente como el aumento de niveles de colesterol y triglicéridos, los problemas digestivos y el incremento de glucosa en la sangre que podría terminar en cuadros diabéticos, ya que el organismo no utiliza o desecha la energía que consume, sino que solo la distribuye y acumula, nutriendo las células pero a la vez desordenando el equilibrio metabólico.